De Chavs y de Ninis / En la opinión de Alejandro Massa

Bienvenidos al infierno de la demagogia liberal.

México / Alejandro Massa / MX Político.- Antes de ser sarcástico, empiezo con una buena noticia: hay un libro excelente, poco conocido en este lado del charco, para el cual este artículo sirve de recomendación. En Chavs. La demonización de la clase obrera, un fantástico Owen Jones, rebelde del periodismo británico, desgrana los reproches culturales hacia la condición de pobre, ese chivo expiatorio de la autovigilancia meritocrática.

Jones evidencia la progaganda randiana, casi pinochetista, de que no hay injusticias estructurales, sólo miedo y barreras a la excepcionalidad humana, útil para desmentalar el Estado social. Un chav es ese parado que prefiere presentarse en los bares antes que a entrevistas de trabajo. Su quintaescencia: la familia de Billy Elliot o el carnalismo hooligan al que ingresó un remilgado Elijah Wood.

Lejos del camino espiritual de Bertolt Brecht ─cultivar la virtud a pesar del mundo capitalista─ hoy parte de la clase trabajadora tiene vergüenza de serlo. Parecer por encima de tener, y tener antes que ser. Alguien de clase media es quien da “me gusta” en Facebook a esos trolls neoliberales que, como asegura Chomsky, ni son liberales ni son nuevos. Si eso pasa en el país de los treinta años gloriosos del Estado de Bienestar laborista, ¿qué Frankeistein remiendan los demagogos en América Latina, el continente más desigual de la Tierra?

Bienvenidos, ninis. ¿Qué condiciones deben cumplirse para caer en su averno? Una culpabilización infinita; ser depravado por ser tú mismo; celoso, perezoso, desparpajado, demasiado ansioso y sobre todo, inpacaz de pedir perdón por afirmar la lujuria de uno y condenar la de la casta divina.

Quieres ser junior, pero sólo haces el oso: el cadenero no es tu papá; trabaja para el mío. Me educó bien, y lo único que te queda para que no se te caigan los pantalones, son los cinturones de pobreza.

Hasta para esteriotipar hay código de barras. No nos hagas bajar a tu nivel, chairo; neta, queremos ser amables para darte la bienvenida a tu infierno, pero si nos obligas, podemos pasar de la retórica de Guadalupe Loaeza a la de Gloria Álvarez.

De las viviendas sociales de Liverpool sólo escaparon los tres chavs beatles y nadie más. Y mira que Inglaterra es un país del primer mundo, pero híjole naco, en tu mundito lo más cercano a la Ilustración la llevó a cabo un zapoteca pata rajada.

Duele tratar de escribir los silencios de las buenas conciencias. Más cuando las pseudo clases medias se creen el rollo de que quien es pobre es porque quiere. No obstante que esas clases escaparan por apenas un raquítico salario mínimo más de los tianguis y garnachas de sus primos hermanos. ¡Viva el parricidio de papá gobierno! Todos soñamos con ser enfants terribles liberales, ese uno por ciento angélico, el poco tiempo que nos sobre después de ocho horas de chamba; sólo Diógenes o un cartujo se negarían a ser lobos machos de los hombres.

En algo tienen razón los liberales: la demagogia es un techo electoral. Limita a aquellos movimientos de cambio que quieren trastocar consensos y tienen la osadía de proponer una moral distinta. La peor de todas es convencernos de que es normal sentir culpa por ser nuestras circunstancias; pedimos entrar al cielo siendo pecadores, esos flojos que quieren vivir de la riqueza que producen.

¿Mal gusto llamarlos casta, jauría, mafia, buitres o minoría rapaz? Qué tan bajo han caído, al grado de descalificar a un líder social por vejete, por hablar tabasqueño o tener la sangre demasiado caliente, como todos esos enojados y malcomidos del sur del país, hartos de niveles de vida comparables a los del África subsahariana. ¿Perdonar a los campesinos que siembran amapola o a esos jóvenes ninis que se metieron de dealers? Bah, este país se convertirá en Venezuela el día que invirtamos en movilidad social, en lugar de llenar el penal de Topo Chico.

Tienen toda la razón: así no salimos del esteriotipo de un filme de Buñuel. Habrá que ir entendiendo que Los Olvidados deberían ser los populistas con mente de niño del sistema priísta, opinadores del diario La Razón incluidos. Habrá que entender que el anarcocapitalismo funciona sólo para Robinson Crusoe. Es cierto, el Estado no es neutral. Es un mecanismo que encarna intereses. Llámenme chairo, pero yo quiero que represente los de esos flojos que van a trabajar todos los días.


por Alejandro Massa Varela
revolucion.serenidad@outlook.com

Ensayista, dramaturgo, poeta y periodista. Estudió en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Es autor del libro El Ser Creado / Ejercicios sobre mística y hedonismo, editorial Plaza y Valdés, prologado por el renombrado filósofo y sacerdote Mauricio Beuchot, y el Presidente de la Sociedad Mexicana para el Estudio de las Religiones (SMER), Benjamín Preciado.

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