Morena y su arranque faccioso / En la opinión de Arturo Rodríguez

México / APRO / MX Político.- 

El pasado 29 de septiembre se cumplió un mes del inicio de actividades de la LXIV Legislatura y el saldo para la nueva fuerza mayoritaria es deplorable y pone en evidencia temprana las disputas internas por ideología, intereses y formas, hasta cierto punto previsibles dada la manera en que articularon la coalición y las alianzas individuales para robustecer la oferta electoral de Andrés Manuel López Obrador.

Los ejemplos han estado a la vista, empezando por la diferencia de posiciones entre Gerardo Fernández Noroña y Porfirio Muñoz Ledo, quienes llevaron al pleno de la Cámara de Diputados el pleito iniciado cuando, en congruencia, el primero recriminaba la asistencia de Muñoz Ledo y Martí Batres al mensaje que con motivo de su último informe de gobierno dirigió Enrique Peña Nieto.

En sentido estricto, Fernández Noroña tenía razón, pues la asistencia convalidaba al régimen que tanto criticaron y era innecesaria, dado que el acto jurídico de informar al Legislativo se había cumplido el 1 de septiembre. Los dos, experimentados parlamentarios, protagonizaron un papelón que luego intentaron suavizar ante la opinión pública.

El mismo día, en el Senado, las acciones de Morena fueron más allá de lo anecdótico. Se sometió al pleno la solicitud de licencia del senador Manuel Velasco Coello para que regresara a terminar su período en Chiapas, y los morenistas votaron en contra. Debió aparecer Ricardo Monreal a enderezar la plana y generar una nueva votación para revertir el daño.

Y es que no todos los morenistas en el Senado entendían la relación de familia y apoyo político, histórica que es, entre López Obrador y Velasco Coello, que, dicho estaba, sostuvieron una alianza desde hace al menos siete años. Ingenuos, votaron conforme a su conciencia hasta que “la línea”, práctica deleznable de todos los tiempos, se impuso inaugurando así la forma en la que tendrán que actuar.

De por sí la relación previa al cambio de legislatura se vio envuelta en la discordia entre Ricardo Monreal y Yeidckol Polevnsky, la dirigente de Morena que convocó a un encuentro con López Obrador el 11 de julio, al que no asistió Monreal, para entonces anunciado –otra vez “la línea” que se repetiría con Héctor Vasconcelos-- por el presidente electo como coordinador parlamentario. El zacatecano debió convocar a su propia reunión de la que fue excluida Yeidckol.

A mitad de septiembre, Martí Batres –quien se agandalló la presidencia proyectada para el también morenista Cristóbal Arias--, muy cumplidor, propuso derogar la Reforma Educativa como venía ofreciendo López Obrador. Debió salir el anunciado secretario de Educación, Esteban Moctezuma, a pedirle calma, pues eso formaría parte de una consulta, con procedimientos ya establecidos para cambiar lo que se tuviera que cambiar. Batres obedeció, sin dejar de protagonizar otros espectáculos que, por su inmadurez y arrebatos, motivaron el abandono de la bancada del PAN en una sesión.

Con esos y otros episodios, el mes cerró con el escándalo de las comisiones legislativas que encontraron su mayor repulsa en la Cámara de Diputados, en los casos de Salud y Cultura otorgados al PES, decisión que tuvo que revertirse, pues no resistieron la presión, aunque sólo para convertirse en objeto de mofa por haber otorgado la presidencia de Cultura a Sergio Mayer y la de Deporte, también por el PES, el actor Ernesto D´Alessio.

Lo que subyace en todo eso es la diversidad de intereses, los proyectos políticos para el futuro y las conductas facciosas, exactamente igual a lo que ocurrió siempre al PRD… al menos, ese es el saldo del primer mes.

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