Puntos sobre las íes / En la opinión de Esteban Martínez

Esteban Martínez / APRO / MX Político.- Respetado lector de la presente: si usted es de los que creen y afirman que nuestra especie, los humanos, somos los reyes de la creación únicamente por nuestro cerebro privilegiado, si así es, siento informarle que está equivocado.

Hay, entre los que dicen que saben del tema, los que afirman que la inteligencia de los delfines y de las marsopas es comparable a la de los humanos, y no falta quien asegure que incluso han sido capaces de crear un tipo de lenguaje tan complicado como puede serlo cualquiera de los nuestros, los humanos, y que probablemente pueden haber establecido una forma de comunicación interespecífica, esto es, entre ellos, pero que perdieron su oportunidad de poder aplicar su inteligencia para controlar y dominar las leyes de la naturaleza por no tener un equivalente de los brazos y manos de nosotros, los humanos.

Ante esa evidencia, este servidor piensa que los expertos en la materia tienen razón al afirmar que la interacción de cerebro y manos, necesaria por imprescindible, nuestros antepasados en la creación de diversas herramientas, sencillas y toscas en un principio, como fueron las llamadas hachas de piedra, a las que luego perfeccionaron añadiéndoles un mango, o el dibujar e incluso dar cierto relieve a las figuras descubiertas en cavernas y lugares abiertos, así como el imaginar y crear con el trabajo de sus manos gran variedad de formas de vasijas en la alfarería, vestidos, calzado, etcétera, etcétera, con todos esos trabajos, nuestros antepasados contribuyeron enormemente al constante aumento del poder de concentración y fuerza de la voluntad, con lo que fueron ampliando una facultad que no se encontraba en ninguna otra criatura del planeta: la de ejecutar movimientos coordinados con una finalidad precisa, y en repetirlos en otras ocasiones de la misma manera, lo que les condujo por el camino de la llamada civilización, o sea: la imaginación mitológica, el sentimiento religioso, el sentido artístico y a la conciencia del yo y de la comunidad… y le fueron proporcionando los medios de su dominio sobre la Tierra.

En ese camino civilizatorio, señalan los estudiosos del tema, un individuo solitario, por fuerte y hábil cazador que fuera y poseyera las mejores armas, lanza, jabalina, arco y flechas, bien podía fallar el golpe, con lo que se condenaba a pasar hambre él y los suyos, e incluso estar expuesto a ser cazado por un depredador más fuerte y rápido que él… en cambio, cuando los individuos se unían para cazar, uno podía fallar, pero había otras cabezas y otras manos que con sus lanzas, jabalinas o flechas acertaban en el blanco, fuera este un fuerte oso de las cavernas, un temible tigre dientes de sable, un poderoso mamut, un bisonte o un ligero y ágil venado, con lo que se aseguraba la comida para los cazadores y sus familias.

Estos últimos ejemplos dividen a los estudiosos del tema, ya que unos opinan y defienden que los individuos y no las masas, las personas, son los protagonistas de la historia humana, y ponen como ejemplo a Julio César, a Alejandro el Grande, a artistas como Leonardo da Vinci, científicos como Galileo, Newton, Einstein… mientras sus opositores argumentan y sostienen que el hombre es hombre por la gente… que el hombre aislado, en el pasado, y aun en nuestros días, no puede mayor cosa por lo general y que, repito, en el pasado nunca hubiera tenido ventaja sobre un animal más grande y fuerte que él, que fue la gente con su fuerza combinada quien aprendió a fabricar instrumentos, a hacer fuego, a cazar, a hacer casas… en fin, a rehacer el mundo.

Usted estimado lector de la presente, ¿qué piensa al respecto?

Su servidor cierra la presente como terminó su anterior a este buzón: diciéndoles que nuestras actual posición de reyes de la creación no nos envanezca, y nos haga perder la cabeza, que debemos ser humildes y recordar nuestro miserable origen para no ser unos reyes arbitrarios, o sea, unos monarcas cuyos actos estén dictados por el capricho, la soberbia o las conveniencias personales, y contrarias a la justicia, las leyes o a la razón, y al respecto e incluso la piedad hacia los otros seres, incluidos los de nuestra especie.

Deseando fervientemente que así sea.
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