Sheinbaum y los cinco mil 13 homicidios / En la opinión de Jorge Carrasco Araizaga

Jorge Carrasco Araizaga / APRO / MX Político.- Un Estado incapaz de garantizar la vida de las personas y la posesión de sus bienes es un Estado fracasado en su esencia. Es lo que desde hace lustros padecemos en México.

Lo que inició como una crisis de seguridad pública en los años noventa, se convirtió por corrupción y complicidad de las autoridades en un tema de seguridad nacional. Los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña heredaron al país prácticamente un cuarto de millón de homicidios. Eso de acuerdo a las cifras oficiales.

Esa tendencia se reflejó también en la Ciudad de México, que tradicionalmente se había mantenido al margen de la violencia entre los grupos de la delincuencia organizada. Al menos, como lo había hecho en el interior del país.

Fue en el gobierno de Miguel Ángel Mancera (2012-2018), ahora senador de la República, cuando las disputas entre bandas rivales se expresaron en los llamados narcomensajes, sicariato, cuerpos desmembrados en la vía pública, amenazas y otras expresiones en relación con las autoridades y la policía.

Desde que era el procurador de Justicia de la capital en el gobierno de Marcelo Ebrard, Mancera se la pasó durante toda una década negando esa evidencia. La capital era solo un lugar de tránsito, de consumo y en todo caso refugio de algunos líderes. Era lo más que decía.

La organización no gubernamental México Evalúa, dedicada a la revisión de las políticas públicas, acaba de demostrar cómo el gobierno de Mancera estuvo marcado por los homicidios. Crecieron 63.5 por ciento.

En una investigación titulada “5013 homicidios en la Ciudad de México”, dada a conocer el miércoles, la organización precisó que casi la mitad de esos homicidios ocurrieron en lo que define como puntos críticos: las delegaciones Cuauhtémoc, Gustavo A. Madero e Iztapalapa.

Pero entre 2009 y 2016, Iztacalco, Tláhuac, Xochimilco y Tlalpan, así como los límites de Venustiano Carranza con Cuauhtémoc, y las fronteras con el Estado de México, se sumaron a esos puntos críticos.

En una descripción georreferenciada, el estudio precisa las colonias de esas delegaciones en las que se concentran los homicidios en la capital del país. Esto que parece obvio, no se había hecho hasta ahora.

Aunque el estudio no lo dice, esas colonias forman parte de los corredores de la droga en la capital y que son los que están en disputa.

Una de las conclusiones de México Evalúa es que el sistema de cuadrantes en el que la Secretaría de Seguridad Pública divide a la capital sencillamente no ha servido para detener la violencia, en particular los homicidios.

La próxima jefa de Gobierno, Claudia Sheinbaum, anunciará en próximos días su plan de seguridad. Por lo que se sabe hasta ahora es que retomará las reuniones diarias de coordinación que hacía el presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, cuando fue jefe de gobierno.

El próximo gobierno buscará que la coordinación llegue a los 70 territorios en la Secretaría de Seguridad Pública divide a la capital.

A reserva de conocer a detalle la propuesta del próximo gobierno, habrá primero que asumir que la Ciudad de México es crucial para la delincuencia organizada y que en años recientes se reorganizó bajo un nuevo esquema de protección oficial.

El problema es más que de reorganización policial. Lo que estamos viviendo, como partes enteras del país, es que la policía está perdiendo espacios ante la delincuencia organizada y quienes lo han permitido se mantienen también en la impunidad.
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