AMLO y la izquierda alternativa: perspectivas desde la experiencia europea/ En la opinión de Guillem Ramírez

Por Guillem Ramírez

Andrés Manuel López Obrador y la coalición electoral que lidera, con MORENA a la cabeza, van camino de ganar las próximas elecciones presidenciales en México, a tenor de las encuestas publicadas hasta la fecha. Aunque bien podría ocurrir como en 2006 o 2012 y que AMLO acabara cediendo el primer lugar a otro candidato, no está de más valorar la propuesta política de su candidatura a nivel comparado: la emergencia de candidaturas desde la izquierda transformadora - más que reformista - ha sido una característica común en los últimos ciclos electorales en países occidentales. Podemos en España, la

Francia Insumisa de Mélenchon, Syriza y Alexis Tsipras en Grecia, el laborismo de Jeremy Corbyn en el Reino Unido o la candidatura de Bernie Sanders en las primarias demócratas en Estados Unidos son sólo algunos de los ejemplos.

Uno de los aspectos que podrían hermanar a la coalición liderada por MORENA con sus contrapartes europeas es, además del carácter personalista de estos movimientos, la voluntad de adelantar electoralmente por la izquierda a los partidos progresistas clásicos: el PRD en México, el PSOE en España, el PS en Francia, el PASOK en Grecia, la tercera vía del laborismo británico, etc. Aunque muchos de ellos han conseguido este objetivo, sólo el primer ministro griego, Alexis Tsipras, ha ganado unas elecciones y ha conseguido gobernar. López Obrador lidera las encuestas en México, pero ¿a qué precio?

En Europa, estas candidaturas han abanderado, a mi entender, la refundación de cuatro pactos fundamentales en la relación entre la sociedad y el Estado: primero, el pacto democrático y la garantía de los derechos políticos de la ciudadanía frente a la corrupción de Estado de los partidos tradicionales. Segundo, el pacto social y la garantía de los derechos sociales, frente al empequeñecimiento del Estado del

Bienestar causado por las recetas neoliberales post-crisis. Tercero, la lucha por la ampliación de un pacto civil que incluya los postulados feministas y queer en la normalidad social y política. Por último - pero no menos importante - el pacto ecológico, que no es entre la sociedad y el Estado, sino entre estos dos y la naturaleza, y que cuestiona el actual modelo de desarrollo y su sobreexplotación de recursos naturales cada vez más limitados.

Por supuesto, el peso que cada candidatura alternativa ha dado a cada una de estas dimensiones varía según el contexto sociopolítico, económico, cultural y electoral del país en cuestión. En el caso mexicano - y a falta de la presentación de los programas electorales de cada candidatura presidencial -, pareciera que AMLO y "Juntos Haremos Historia" encabezan una propuesta política centrada esencialmente en las dos primeras dimensiones: la lucha contra la corrupción y la ciudadanización de las instituciones, por un lado, y la defensa de los derechos de los sectores más pobres de la sociedad.

Así, parece que la candidatura morenista procura evitar los temas espinosos en un país profundamente católico y - según mi propia experiencia y la de amigxs en México -profundamente patriarcal.

Pareciera que la falta de un espaldarazo claro de AMLO al matrimonio igualitario o al derecho de las mujeres a decidir sobre el propio cuerpo - esto es, la legalización del aborto -, o la falta de propuestas específicas para combatir los feminicidios reflejan se fundamenta en propósitos electorales: cuanto más se aborden cuestiones que aglutinan apoyo electoral y menos se hable de temas susceptibles de provocar rechazo social, mejor para la candidatura. Tanto es así, que la coalición "Juntos Haremos Historia" agrupa tanto al izquierdista MORENA como el conservador Partido Encuentro Social (PES), que considera la familia tradicional (padre, madre e hijos/as) como pilar fundamental de la sociedad.

En el ámbito de la diversidad cultural y nacional de México, la presencia de la candidatura indigenista de Marichuy y el Consejo Nacional Indígena puede ser síntoma de la falta de proyecto político del candidato morenista para estas comunidades. Así, ¿cómo se articula el reconocimiento de las cosmovisiones y culturales indígenas, la soberanía de estas comunidades políticas sobre los recursos naturales de su territorio, y la soberanía nacional propia de los Estados-nación de corte liberal? ¿Qué reconocimiento para minorías raciales, como las comunidades afromexicanas?

No sólo esto: desde fuera, pareciera también que existe una falta de atención política sobre cuestiones fundamentales para el futuro del país, de la región y de planeta: ¿qué agenda socio-ambiental para el tercer país con mayor diversidad del mundo y con una de las tasas de urbanización más altas del planeta? ¿Cómo se combinan las necesidades de una población que crece a ritmos agigantados en áreas urbanas con las del resto de ecosistemas del país?

En fin, ¿cómo se construye una comunidad política que funcione para el máximo de personas posible y que lo haga consciente de los límites ecológicos que hay que respetar? Si la solución pasa por reformular los pactos democrático, social, civil y ambiental que conforman las bases del contrato social y ecológico, entonces es necesario que las fuerzas progresistas abanderadas por López Obrador ofrezcan respuestas a todas estas dimensiones. Y que, en la disyuntiva entre lo electoralmente rentable y lo socialmente urgente, lo segundo no pierda sistemáticamente frente a lo primero.

FOTO: ALBERTO ROA / CUARTOSCURO 

Guillem Ramírez Chico es politólogo por la Universidad Pompeu Fabra (Barcelona), y cuenta con una maestría en Desarrollo Internacional por la Universidad de Ámsterdam. Se interesa por el desarrollo urbano, los derechos humanos, la gobernanza local en un mundo de ciudades y la crisis ecológica del planeta. Twitter: @guillemrc Facebook: Guillem Ramírez Chico

Las opiniones emitidas en esta columna son responsabilidad de quien la escribe, no reflejan necesariamente la línea editorial de este medio.

zam
 

Tu opinión es importante

Minuto a Minuto

Minuto a Minuto